
Se dice que un día, en 1666, en La Haya, Holanda, un extranjero preguntó por Helvetius, el médico del príncipe Guillermo de Orange, y le mostró una sustancia que, según él, transformaba el plomo en oro. Helvetius secretamente tomó un poco y, cuando el visitante se fue, lo probó sin éxito. Cuando el hombre regresó, Helvetius admitió el robo y le pidió un poco más. El extranjero accedió, luego se fue y no volvió. Helvetius repitió el experimento, finalmente logrando fabricar oro. El objetivo del alquimista era la búsqueda de la piedra filosofal o el elixir de la vida eterna, que además de garantizar la inmortalidad, podía transformar el plomo en oro. Temiendo un uso distorsionado de estos poderes por parte de personas indignas, los alquimistas ocultaban sus secretos detrás de un oscuro simbolismo. La alquimia floreció en Alejandría, Egipto y después de la conquista musulmana de Egipto (siglo VII), llegó a Constantinopla. Geber (o Jabir), el gran alquimista árabe, murió alrededor de 815, pero solo en el siglo XII se difundió la alquimia en Europa. En Occidente, los alquimistas compartían la teoría aristotélica de un mundo compuesto por una materia prima en varias formas. Las primeras formas eran los elementos: tierra, aire, fuego y agua, cada uno caracterizado por dos cualidades: seco o húmedo y caliente o frío. Entonces, el aire, caliente y húmedo, podía transformarse en fuego, caliente y seco, quitando la humedad. Las proporciones entre los elementos y sus cualidades determinaban la forma de los objetos. Así, en teoría, era posible cambiar gradualmente una forma de materia en otra, variando las proporciones. Esto se lograba calentando, quemando, evaporando y destilando repetidamente. En Oriente, la alquimia estaba especialmente ligada al taoísmo y la búsqueda del elixir de la vida eterna. Se identificaron cinco elementos: agua, fuego, madera, metal y tierra, y dos principios: yin (negativo, femenino, pasivo, oscuro) y yang (positivo, masculino, activo). Los alquimistas tuvieron éxito en la producción de aleaciones y destilación, que llevó a la fabricación de alcohol y perfumes. Sus descubrimientos y procedimientos son la base de la química moderna.